El triunfalismo no debería cegar a la oposición venezolana

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Caracas, 19 octubre, 2015
Fuente: Infolatam

La dirigencia opositora venezolana está más que segura que los diputados de oposición ganarán la mayoría de asientos en la Asamblea Nacional en las próximas elecciones legislativas del 6 de diciembre de este año.

La dirigencia opositora venezolana, reunida en la Mesa de Unidad Democrática (MUD), fundamentándose en la mayoría de las encuestas y del sentimiento popular que se expresa diariamente en protestas, manifestaciones, encuestas de calle, redes sociales y por los pocos medios de comunicación libres que quedan en el país, está más que segura que los diputados de oposición ganarán la mayoría de asientos en la Asamblea Nacional en las próximas elecciones legislativas del 6 de diciembre de este año. De hecho, el optimismo es creciente en la mayoría de la población venezolana.

Pero ese optimismo, que es sano que se dé en una sociedad tan llena de dolores, tristezas, preocupaciones y descontento, debería moderarse. En todas las elecciones presidenciales, legislativas y de cualquier tipo que se han sucedido en el país en los últimos 16 años, siempre ese optimismo ha prevalecido y en gran parte ha sido aupado por los líderes y partidos políticos. Se entiende: ha sido necesario animar a la población que salga a votar para ver si con toda una avalancha de votantes el actual régimen salía por la vía más democrática.

La otra parte del optimismo ha sido resultado de la propia ilusión de los votantes. También ello se entiende: sin esperanza e ilusión hubiesen preferido quedarse en su casa, y en realidad numerosos lo hicieron en varias oportunidades. Sin embargo, ese optimismo siempre derivó en una frustración enorme, tan grande que tras cada elección no sólo aumentaba el estado generalizado de depresión y anomia popular, sino el nivel de rabia hacia los mismos partidos políticos y en particular hacia la MUD, entre que pasó a ser culpable de todo lo que pasaba en el país.

Cierto, en esta oportunidad electoral lo que señalan las encuestas de opinión no es meramente que las fuerzas democráticas tienen la oportunidad de ganar como pasaba en el pasado, sino que por primera vez hay seguridad que eso pase ante el rechazo existente hacia el gobierno. A mediados de este año, la encuesta nacional de la firma Datanalisis señalaba que el 70,4% de los ciudadanos evaluaba de forma negativa la gestión del presidente Nicolás Maduro; que el 46,1% estimaba que Maduro es el responsable de los problemas que sufre el país; y que el desabastecimiento, el costo de la vida y la inseguridad son los principales problemas que tienen a la población molesta

Este octubre, a dos meses de las elecciones legislativas, varias encuestas demuestran que el rechazo a Nicolás Maduro y su gobierno ha crecido. La firma Venebarómetro señala que el 77.9% de los ciudadanos rechaza la gestión madurista, que el 86.8% quiere un cambio en el rumbo del país, y que de realizarse las elecciones hoy, un 70% de los venezolanos no votaría por él. Por su parte, la firma consultora Horcón sitúa ese rechazo gubernamental en 82.7%, y la encuestadora Keller y Asociados en un 77%.

Además, esos sondeos evidencian ya que en la intención de votos para las legislativas del próximo 6 de diciembre, los candidatos de la coalición opositora MUD superan a los de la coalición oficialista, al llamado Gran Polo Patriótico (GPP). Estas serían las proporciones a favor de la oposición según varias encuestas: La firma Horcón sitúa la proporción en 62,3% a 30,3%; la firma Datanálisis en 57,7% a 26,3%; la encuestadora Keller y Asociados en 53% a 27%; la encuestadora Delphos en 50% a 20%; la firma IVAD en 49,9” a 19,6%; y en la firma Venebarómetro, la MUD recibe un apoyo del 43,7%, mientras que los candidatos del chavismo solo un 19,9%. Sólo una encuesta en el país, ha presentado datos favorables al oficialismo, la encuestadora Hinterlaces – que es bien conocida por sus vínculos con el gobierno chavista-, que indica que el GPP le aventaja a la MUD con 41% a 24% de la intención de votos.

Pese a todo esto, la dirigencia opositora no debería caer en la trampa del optimismo exagerado y del triunfalismo. Hay aún muchas razones para ser cautos, realistas y así transmitirlo a la sociedad venezolana en beneficio propio y de ella misma. Primero, porque la población quiere transparencia y sinceridad de sus dirigentes para no seguir desconfiando en ellos. Segundo, porque hay demasiados hechos o trabas que pueden hacer ganar al gobierno, al menos lo suficiente para que la oposición no logre la mayoría simple – menos la mayoría calificada- en la Asamblea Nacional.

Entre estos hechos se encuentra: el que todavía es muy alto el porcentaje de electores que dicen que votarán por candidatos independientes (un 26,5% en Venebarómetro) o que no saben por quién votará (indecisos); que más allá de las argucias que siempre ha utilizado el gobierno chavista y el poder electoral bajo su control en los procesos electorales (populismo, ventajismo propagandista en los medios de comunicación, cambio de distritos electorales, y un gran etcétera de trabas puestas por el CNE como la de no permitir observadores internacionales confiables ni una buena auditoria del registro electoral), ahora cuentan con dos de los estados nacionales de mayoría opositora (estados Táchira y Zulia) militarizados y bajo Estado de Excepción; que el partido oficialista cuenta con una bien aceitada maquinaria de presión y búsqueda de votantes, en particular a través de la agresión y el miedo, para el día de los comicios, y que la oposición no sólo no cuenta con esa maquinaria, sino que no ha logrado aún la necesaria para cuidar los votos en todo el territorio nacional; que varios líderes opositores se encuentran presos o fuera del país, lo que hace falta para una buena movilización nacional en cualquier elección; y también, como bien lo expresó recientemente el encuestador de la empresa Datanalisis, Luis Vicente León, que en las encuestas Nicolás Maduro aún mantiene 25% de aprobación, un número aún más alto si lo comparamos con los que poseen que el que posee la presidenta de Brasil Dilma Rousseff en Brasil o el presidente de Perú Ollanta Humala.

Sin duda en esta lista faltan otros hechos y trabas por enumerar, pero bastan éstas para evidenciar que el excesivo optimismo o triunfalismo no debería cegar a la dirigencia opositora, sino que más bien deberían servirle de fuelle para una buena y unitaria estrategia de convencimiento a electores indecisos y abstencionistas, y de movilización general.

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