¿El Papa izquierdista?

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Caracas, 24 septiembre, 2015
Fuente: El Universal

Ciertamente el Papa Francisco fue demasiado cauto, prudente, diplomático; mucho más de lo que fueron los sumos pontífices que le precedieron.

Ciertamente el Papa Francisco fue demasiado cauto, prudente, diplomático; mucho más de lo que fueron los sumos pontífices que le precedieron, quienes dejaron mensajes más concretos en el recuerdo de los cubanos sobre sus respectivas percepciones cristianas de lo que es y debe ser un buen gobierno.

Francisco, sin duda, centró su atención en no molestar en lo más mínimo al castrismo y su silencio en defensa de los derechos humanos, la democracia, la sociedad civil y la persecución de los disidentes cubanos fue atronador. De allí que ahora abunden las críticas en su contra y que hasta algunos lo estén calificado de izquierdista.

Pero tildarlo de izquierdista radical es una exageración absurda. El Papa Francisco ha dado numerosas muestras de lo contrario pese a sus cuestionamientos -muchos comprensibles- hacia el capitalismo. De hecho durante la primera misa que ofreció en Cuba criticó duramente la supremacía de las ideologías, y lo hizo en la emblemática Plaza de la Revolución de La Habana. En el pasado, por ejemplo, Jorge Mario Bergoglio fue duro contra el chavismo, el kirsnerismo y al populismo. El Papa es más bien un humanista reformador comprometido con la doctrina social de la Iglesia.

Nos gusten o no, durante su paso por Cuba parecieran haber prevalecido dos objetivos: ante todo, cumplir con su misión pastoral de revivir la Iglesia, es decir, de atraer al pueblo cubano al catolicismo y de lograr mejores relaciones entre la Iglesia católica y el régimen castrista. Como bien lo señaló The New York Times International Weekly, habiendo ayudado a abrir Cuba al mundo, el primer Papa latinoamericano quiso tratar de abrir Cuba a la Iglesia católica romana.

Por otra parte, profundizar su papel de mediador neutral en el acercamiento entre EEUU y Cuba. No olvidemos que por un año o más, el Papa hizo lo que pocos veían como posible: propiciar negociaciones secretas en el Vaticano entre dos enemigos históricos de la Guerra Fría para una reapertura diplomática. Es lógico que ahora quiera continuar la tarea que mucho falta por concluir.

Aunque para mí la consecución de estos objetivos no justifica la condescendencia -al menos pública- con el régimen castrista y su silencio ante su represión, ello no quiere decir que ahora el Papa Francisco se haya convertido en un izquierdista con simpatías por los hermanos Castro. Creo que esta es una interpretación simplista.

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